Según la RAE, un anglicismo es un “vocablo o giro de la lengua inglesa empleado en otra”.

La RAE diferencia dos tipos de extranjerismos, los extranjerismos superfluos o innecesarios, es decir, aquellos que tienen una palabra equivalente en español, y los extranjerismos necesarios o muy extendidos, para los que no existen términos españoles equivalentes.

Los extranjerismos

Un extranjerismo se adopta de otras lenguas porque no existe un término equivalente o porque su uso se ha instaurado de tal forma que ha desplazado vocablos existentes. Los extranjerismos se clasifican según su origen (galicismos, anglicismos, lusitanismos, italianismos o germanismos) y forma (préstamo léxico, préstamo semántico y calco semántico). Además, pueden mantener la grafía original, por ejemplo, software, o adaptarse a la lengua que los acoge, como es el caso de “fútbol”. El anglicismo deportivo “fútbol”, de hecho, se ha adaptado de tal manera a nuestra lengua que han surgido nuevos vocablos a partir de él, como futbolista o futbolero.

La incorporación de extranjerismos o anglicismos  no es un fenómeno reciente. Las personas interactúan independientemente de su lugar de origen y toman prestados términos de otras lenguas. Las palabras nuevas se van adoptando progresivamente atendiendo a diferentes variables, como la cercanía geográfica, el impacto tecnológico o la velocidad de las comunicaciones.

Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial en Europa, Estados Unidos pasó a ocupar una posición de liderazgo mundial y el inglés se convierte en la lengua franca. Con el auge de la tecnología desde Estados Unidos, la incorporación de anglicismos ha ido creciendo a un ritmo cada vez mayor. Y no solo ocurre en el entorno tecnológico, sino también en el mundo empresarial, de la moda, deporte o publicidad.

Anglicismos: ¿una tendencia creciente?

Escribir con anglicismos

Escribir con anglicismos

El problema surge cuando, disponiendo de vocablos en nuestro idioma, comenzamos a utilizar palabras en inglés de forma abusiva. Durante los últimos años lo vemos cada vez más en las redes sociales. En el sector de la moda, por ejemplo, se hace un uso indiscriminado de palabras en inglés cuando disponemos del término en español con el mismo significado. Así, tanto en las redes sociales como en revistas o programas de moda es muy común utilizar burgundy en vez de burdeos, camel en vez de beis, choker en vez de gargantilla, jumpsuit en vez de mono, etc.

El uso de la palabra en español parece estar desfasado. Pero, ¿son todas estas palabras necesarias? Cuanto más se utilice un anglicismo, más alta es la probabilidad de que sea adoptado en nuestra lengua. Sin embargo, precisamente en un sector en constante cambio como es el de la moda, muchos de estos anglicismos se utilizan durante períodos determinados, bien porque quedan obsoletos o porque, como la misma moda, son perecederos. Difícilmente estos anglicismos serán incorporados en el español, pero se hace un uso abusivo de ellos mientras están en boga.

En determinados sectores del mundo empresarial es muy común encontrarnos con situaciones similares en las que se utilizan anglicismos de forma indiscriminada. No es tan extraño escuchar conversaciones del tipo: “Cuando ayer encendí el Mac, envié un email inmediatamente para conocer el background de la empresa y celebrar un workshop sobre el nuevo proyecto”.

La convivencia de personas procedentes de diferentes países y culturas enriquece el español con vocablos de otras lenguas, pero no es difícil distinguir cuando una persona quiere hacer alarde del extenso vocabulario que tiene aunque, en realidad, ni siquiera sea capaz de mantener una conversación básica en inglés. Quizá sea más cool.

“El extranjerismo no es nunca un invasor, acude porque se le llama”.

Fernando Lázaro Carreter. El dardo en la palabra. 1997